De las sombras al color / Arte y tradición desde la isla del Teide

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De cómo un singular Pintor plasma a través del lienzo sentimientos que van desde lo catártico hasta lo efímero, oleos para pensar, algunos hasta para sanar.

 

Juan Carlos Hernández Pérez/Interesarte Magazine

 

Son pasadas un poco más de las siete la tarde, el sol aun brilla con fuerza y se deja colar por un ventanal que nos muestra una vista hacia un mar interminable, hemos quedado en el estudio del pintor Tinerfeño nacido en Valle Guerra Carlos Rivero, el olor a oleo impregna cada rincón y te hace saber sin duda alguna que te encuentras en un sitio lleno de magia y creación.

Precisamente de eso están cargadas algunas de las piezas de Rivero, quien es humilde al hablar de su trayectoria, que es por demás amplia y sumamente nutrida, su experiencia en el mundo de la pintura parece no hacerle mucho ruido, a pesar de sus facciones duras y de larga barba que pudieran sugerir de entrada severidad a algunos, es cercano al público que admira su trabajo, puede estar en la mañana dictando talleres a niños de colegio de tan solo 5 años  o compartiendo en una galería especializada al terminar el día.

Pintor, Canaria y emociones palabras claves:

La familia y emociones, lo barroco y sacro, del trauma y realidades psicológicas ha construido piezas cargadas algunas de proyecciones subliminales, perceptibles solo para aquellos que hayan decido conectarse con una energía tal vez inspirada en lo sanador,  para Rivero así han sido algunos de sus trabajos, que expresa han servido para simplemente enmarcar situaciones determinadas  de su vivir, mas sin embargo no son tampoco punto de referencia o definición total de su trabajo como pintor, la narración oral propia de la isla Tinerfeña cargada muchas veces de sincretismos religiosos, de brujas y maleficios, contados por abuelas y hombres patriarcas de casas antiguas, de amplios solares y grandes ventanales con vista al mar también han sido de referencia para el pintor. 

Por eso de alguna forma a pesar de no estar expresamente definido por el artista, las tradiciones y el calor del Canario se ven representados en sus obras, en las pinceladas volcánicas o por sol que entra por el ventanal de su estudio, en las copas de vino que se toman delante de los grandes lienzos o sencillamente en la nada, desenfados  que invitan a permanecer, y que de seguro duraran en la memoria artística colectiva por mucho tiempo.

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